El tatuaje en Japón tiene origen en el 500 D.C y se le conoce con el nombre de irezumi ohorimono. Uno de los primeros tatuajes conocidos en la isla fue
el del propio emperador de Japón, hasta entonces los tatuajes solían ser marcas puestas a los criminales en el barzo para identificarlos y repudiarlos, práctica que se abolió en el 1870.
En el siglo XVIII los habitantes de Ainu solían lucirlos en el rostro, la expansión del budismo en Japón y su recelo a los tatuajes hizo que las personas que los lucían fueran consideradas como criminales.
Paralelamente el ukiyoe (xilografías expuestas en madera) empezó a representar a varones semidesnudos con el cuerpo tatuado. El artista ponía el mismo empeño en el diseño que en el tatuaje. El primer ejemplo es del pintor Kuniyoshi, cuya serie de estampas de 1870 fueron tan populares que posteriormente fueron imitadas por los tatuadores profesionales. Así, es como nació el actual movimiento del tatuaje artístico.
En el siglo XVIII los habitantes de Ainu solían lucirlos en el rostro, la expansión del budismo en Japón y su recelo a los tatuajes hizo que las personas que los lucían fueran consideradas como criminales.
Paralelamente el ukiyoe (xilografías expuestas en madera) empezó a representar a varones semidesnudos con el cuerpo tatuado. El artista ponía el mismo empeño en el diseño que en el tatuaje. El primer ejemplo es del pintor Kuniyoshi, cuya serie de estampas de 1870 fueron tan populares que posteriormente fueron imitadas por los tatuadores profesionales. Así, es como nació el actual movimiento del tatuaje artístico.







